¿Modelismo u Obsesión?
Mi amigo Ricardo, quien fuera uno de los más grandes modelistas y coleccionistas del país de vehículos militares a escala 1/72, con más de 500 modelos armados, me decía: “La verdad extraño aquella época en que el viernes a la noche compraba un tanquecito, el sábado lo armaba y pintaba y el domingo a la noche ya lo tenía listo para ponerlo en la vitrina”.
Ricardo que no era “manco” para hacerse de un modelo de construcción propia (scracht para los anglosajones) y tampoco se achicaba con una complicada transformación, reconocía que entre su primera época de modelista y la última “había perdido la inocencia del aficionado”.
Y esa, amigos míos creo que es la historia de muchos de los que actualmente armamos maquetas y ya no volveremos a cumplir 40 años. Aquellos que nos deleitábamos armando los aviones en bolsita de Airfix o los kits de Aurora recordamos con cierta añoranza esa época en que montar una maqueta resultaba un pasatiempo simple y divertido, sin mayores complicaciones que seguir “al pie de la letra las instrucciones del kit”.
Lo que antes significaba comprar una maqueta para disfrutar su armado y su pintado se ha convertido hoy en un peregrinar por páginas de Internet para ver quien tiene ese fotograbado “imprescindible” o aquel cañón “insustituible” que dará “mayor realismo a nuestra pieza” y su no utilización parece que significara “caer en desgracia, sentirse excluido o separado de la pléyade que integran los grandes modelistas mundiales” (léase modelistas del Primer Mundo).
O al menos eso nos hace sentir algunas publicaciones internacionales, unas más, otras en menor grado, pero que en general nos muestran fotografías de maquetas tan profusamente detalladas o superdetalladas con elementos ajenos al kit que en vez de atraer al lector a armarlas, lo apabullan con largos listados de productos que deberán adquirirse para que la maqueta sea “verdadera réplica del original”.
Díganme si nunca leyeron una nota de estas características:
“Usted deberá excluir de la plancha `A´ las piezas 24 a 35 y 49 a 68 porque están fuera de escala. En su reemplazo deberá utilizar las piezas en resina que fabricaba Joseph Cambiapiezovich que las he adquirido cuando viajé a Rusia cuando aún era la URSS, pero que actualmente fabrica Igor Resinovsky en su taller de Ucrania”.
Para comprar las piezas que fabrica el bueno de Igor se debe escribir a una dirección de e-mail, previo pago en euros o dólares. Para recibir las piezas solicitadas debemos esperar tres meses si estamos de paseo por Europa y ocho meses si queremos recibirlas en Sudamérica... siempre y cuando la miniempresa del bueno de Igor no desaparezca del día a la noche y quedemos “pagando”.
Nuestra nota de ejemplo continuaría así:
“Además deberá lijar todos los remaches porque están sobredimensionados una diezmilésima de milímetro y comprar los comercializados por la firma polaca `Tornichinki a Skala´ que provee una bolsita de 20 remaches a la módica suma de 5 euros”.
Desde ya su modelo necesitará al menos la friolera de 450 remaches a ser reemplazados. No se moleste en hacer el cálculo: cambiar los remaches le costaría 112,5 euros.
En síntesis: cuando una persona que recién se encamina en este hobby decide comprar su primer kit y consulta una publicación de las nombradas se encuentra con unos artículos “complementarios” para maquetas que además de poseer precios prohibitivos para nuestros agotados y disminuidos bolsillos argentinos, son de difícil o imposible adquisición en el mercado local.
Si nuestro candidato a modelista comienza a sumar el precio que le demandará la compra de su kit además del fotograbado pertinente, el cañoncito torneado, las orugas de metal, la pintura “auténtica”, los transfers de última generación, el tren de aterrizaje en resina, el asiento de eyección que cuando se cierran las dos mitades del avión ni siquiera se ve, el motor ultradetallado o la llaves de encendido del Camaro Modelo 67, le quedan dos opciones: Pide un crédito personal en el banco más cercano o se dedica a coleccionar tapitas de gaseosas, que es un entretenimiento muchísimo más económico.
Pero el peor enemigo que deberá enfrentar nuestro novel maquetista no son sólo los precios excesivos sino el aburrimiento y el tedio que producen ver que la maqueta nunca se termina, por querer incluir demasiados detalles tal como pinta la actual moda.
Pero atención: de ninguna manera reniego o dejo de admirar a aquellos modelistas “monstruos” que arman esas maquetas que poseen hasta el último tornillo, detalladas profusamente y estudiadas hasta el más mínimo detalle. Tampoco objeto a los que adquieren todo tipo de accesorios para maquetas, pues cada uno gasta su dinero como más le agrada o se lo permite su esposa.
Muchos de los que tenemos algo de experiencia en el tema poseemos en nuestros armarios y estantes maquetas guardadas a medio hacer que jamás terminaremos porque nos faltó esa mejora, que por temor a fabricarla mal no hicimos nunca o porque no compramos el fotograbado salvador en la época del uno a uno.
Los principales fabricantes de estos recursos para superdetallar maquetas parecen que actuaran como aves de presa sobre los modelos originales. ¿a qué me refiero?. Fíjense que a los pocos días de salir un nuevo kit a la venta, incluso a veces en forma simultánea, una o varias marcas de fotograbados sale a la palestra a ofrecer la plancha para mejorarlo.
En realidad, el modelista medio se ve invadido hoy por una cantidad tan grande de artículos “suplementarios” que no sabe a donde dirigir sus compras.
Para los nuevos en estas actividades y los no tanto es también menester decir las cosas sin medias lenguas: no siempre los fotograbados y las resinas reproducen exactamente las piezas que se desean reemplazar. Los hay de todo tipo (léase productos buenos y no tanto) y además recuerden que no existen las soluciones mágicas por aquello de “lo que natura non da Salamanca non presta”.
Varios clubes e instituciones locales e internacionales han instituido en sus concursos con acierto la categoría que premia a los modelos armados “DE CAJA”, tal como vienen y sin que se les agregue nada. No porque no se valore el trabajo realizado hasta el último detalle, sino porque se es conciente que el modelismo está perdiendo adeptos frente a entretenimientos inmediatos como la computación y sus hijos dilectos: Internet, los juegos en red y los chats.
En nuestro largo peregrinar por concursos y exposiciones propios y ajenos vemos (a pesar que muchos no quieran reconocerlo), que no existe una afluencia masiva de personas que renueven la actividad.
En nuestro país vemos en forma alarmante cómo en los últimos años cerraron muchos comercios relacionados con nuestro hobby, la masa de aficionados ha disminuido sensiblemente y los precios de las maquetas son un “poquito altos”.... para ser amable.
Una buena idea sería volver “a las bases” y dejar que el modelismo sea sencillamente eso, modelismo, y no una obsesión de comprar y comprar sustitutos de piezas que encima no son de fácil armado.
Será tal vez la tarea mancomunada de clubes, asociaciones y comerciantes locales estimular a los amantes de las miniaturas y buscar la fórmula para atraerlos nuevamente al ruedo.
A pesar que los armadores de maquetas nunca formamos “legiones”, nuestro hobby era considerado años atrás como de difusión masiva y uno de los más accesibles en términos económicos “for childrens age 10 years and over”.
Marcelo Alejandro Tedesco |