El Modelista
 

¿Qué nos motivo en nuestra tierna niñez a tener hoy en día este hobby, que mas que un hobby es un universo, lleno de plástico,  pegamento, pinturas, herramientas de todo tipo, pinceles, etcétera, etcétera ,???

Quizás la culpa la tuvo algún pariente o amigo, que un día no tuvo mejor idea que regalarnos una caja llena de piecitas de plástico y un papel con instrucciones. Pero aquí hay que hacer un paréntesis, de cada 100 chicos que recibieron esas cajitas, solo dos o tres fueron realmente infectados por el virus del modalismo. Lo típico era armar un avión, no importaba la escala, marca, modelo ni colores. Solo importaba armarlo, armarlo con rebabas, torcido, con cualquier pegamento. Pero armarlo y luego mostrar nuestra obra, con incontenible orgullo.

En ese momento de nuestras vidas, ya no había retorno, el virus fluía alegremente por nuestras venas. Peso que teníamos lo gastábamos en plástico y nuestra colección aumentaba, junto con los problemas de espacio y comenzaban a haber modelos perdidos en acción, cuando nuestra querida madre hacia la limpieza.

Hay un momento en nuestras vidas en el que aparece una fémina, la cual atenua el virus y en algunos casos lo manda a invernar largos años. Las palabras lapidarias: ¿ Todavía jugas con avioncitos?, que hacen que algo se quiebre en ese momento, pero estoicamente seguimos adelante. Luego de un tiempo tratamos de explicarle que no son juguetes, que son modelos y le mostramos con orgullo nuestro progreso en el armado de los mismos, los últimos ya están casi perfectos (para nosotros). Si ella no entiende, debemos plantearnos seriamente que hacer con la relación. Si ella al otro día nos regala una maqueta, podemos mirar hacia el futuro sin muchos problemas (y agradecer a Dios).

Noviazgo, casamiento, hijos, la rueda de la vida sigue, y el virus se atenua o duerme.
Algunos siguen armando, compartiendo la mesa con maquetas, mamaderas, sonajeros y un sin fin de artículos que invaden “nuestro espacio”. Justo cuanto vamos a probar una pieza jodida, “Mi amor, limpia la mesa que vamos a cenar”. Guardamos todo en la caja, mirando y remirando la mesa y sus alrededores en busca de una posible pieza perdida. Y así seguimos nuestra existencia, acumulando cada vez mas conocimientos y nuevas técnicas en nuestro querido hobby.

Los más peligrosos son aquellos a los que se les despierta el virus después de muchos años. Casi siempre ocurre cuando pasan por azár delante de un negocio de modelismo, de repente sienten unas desenfrenadas ganas de comprar y comprar y comprar y comienzan a apilar cajas y mas cajas en el placard, en la repisa, en cualquier lado hasta colmar la paciente de su media naranja, la cual muy diplomáticamente le dice: “Saca toda esa porquería del placard y ponelas en otro lugar donde no molesten”. Las llama porquerias, dice que molestan, porque aun desconoce el precio de las para ellas insignificantes cajas.

Pero eso acaba cuando algun dia por descuido nuestro encuentra una boleta.  Después de una jornada de trabajo volvemos al hogar y nos encontramos sin un saludo y sin la cena.

Sobre la mesa del comedor se encuentra nuestro tesoro y escuchamos las plabaras del juicio final: ” Todo esto vale quichicientos pesos”, nos quedamos mudos, sin palabras, el mundo se nos derrumba, intentamos una defensa: “Pero querida, las vengo comprando durante años, esa que esta ahí me costo 5 pesos en el uno a uno”. Pero el drama se desata, no importan nuestras palabras. Para peor esa misma mañana habiamos encargado la ultrasuper maqueta con fotograbados, resinas y calcas al por mayor. Llamamos a escondidas a algun amigo, al cual le pedimos si podemos guardar en su casa la ultrasuper maqueta hasta el momento de poder entrarla camuflada a nuestro hogar.

El tiempo sigue y todo vuelve a la normalidad en nuestra casa. Al fin logramos tener un rincón propio, nos sentimos los reyes de la creación.

Pero un dia, casi siempre domingo a la tarde, lluvioso, mientras estamos peleando con un fotograbado del tamaño de una cabeza de alfiler, se acerca nuestro hijo o hija mostrandose interesados en lo que hacemos. Dejamos todo, buscamos una caja sencilla y le explicamos los rudimentos basicos del modelista  y el uso elemental de las herramientas. Le hacemos un lugar en una esquina y le decimos que ese va a ser “su lugar”. Lo observamos como separa las piezas, mientras nos hace alguna pregunta, luego las pega y se concentra y nuestra mujer nos alcanza un mate.

Es domingo, llueve y por nuestras mejillas corren algunas lágrimas… la pucha que es lindo nuestro hobby.

 

Heino Hoff

     
   
       
   
COPYRIGHT - TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
WEBMASTER